Lunes
19 de septiembre/
EL TIRO RAPIDO
NO
A LAS DROGAS...ANTES QUE SEA DEMASIADO TARDE
Si bien
a tìtulo o como especie de premio de consolación hizo
la salvedad de reconocer los esfuerzos que despliega el paìs
para enfrentar la grave problemática de las drogas, el gobierno
del Presidente Busch acaba de clasificar otra vez a Repùblica
Dominicana como corredor del comercio internacional de estupefacientes.
El hecho està huérfano de novedad. Desde hace mucho resulta sobradamente
conocido que nuestro territorio es utilizado por varios de los grandes carteles
que trafican con narcóticos como antesala o trampolín para suplir
el atractivo mercado de consumo norteamericano, y en cantidad menor pero tambièn
significativa, el europeo. Esta situación se fue agravando en la misma
medida en que el vecino territorio haitiano resultò invadido por un
nùmero creciente de grupos, sobre todo colombianos, para utilizarlo
como santuario y campo de operaciones para esta lucrativa e ilícita
actividad.
Amplias denuncias sobre el caso se vieron documentadas en su momento a travès
de detallados reportajes que aparecieron en varios de los màs influyentes
rotativos norteamericanos. Esas versiones de prensa han sido confirmadas en
màs de una oportunidad, por funcionarios de la DEA estadounidense y
autoridades civiles vinculadas a la lucha contra las drogas. La
vulnerabilidad de la frontera y la comprobada complicidad de militares y funcionarios
civiles tanto de èste como del otro lado de la línea divisoria,
han hecho que una buena parte de la droga que llega a Haitì siga la
ruta dominicana, sin perjuicio de otras vìas de acceso al paìs,
como son vuelos rasantes nocturnos de avionetas usadas por el narco para los
cuales no poseemos radares detectores, mulas que llegan a travès de
los diferentes aeropuertos del paìs o lanchas rápidas que burlan
la vigilancia tanto de nuestra marina como de la misma Coast Guard.
En muchas ocasiones a lo largo de los años, hemos venido llamando la
atención sobre los diferentes y enormes perjuicios y riesgos que esta
situación comporta para el paìs. No solo queda comprometida nuestra
imagen internacional en el màs sucio, degradante y pernicioso comercio
ilícito que existe en el mundo moderno, verdadero flagelo de la humanidad.
Tambièn como valor negativo agregado, tenemos que el consumo de drogas
en nuestro paìs y entre nuestra gente, en particular jóvenes
y hasta niños, ha crecido de manera alarmante.
Hoy tenemos la droga metida en todos y cada uno de los rincones del paìs.
Barrios carenciados estàn prácticamente en manos de las pandillas
de expendedores que comercian libremente con todo gènero de estupefacientes
a la vista, cuando no con la complicidad de las autoridades. Escuelas, clubes,
discotecas, fiestas privadas y muchos otros lugares y eventos son utilizados
a todo lo largo y ancho del territorio nacional, para el expendio y consumo
de narcóticos. Y tenemos tambièn una obvia, ostensible hemorragia
de recursos provenientes del narcotráfico que son lavados e invertidos
aquì y cuyos tentáculos se dejan sentir en las màs diversas
instancias de nuestra sociedad, tanto del sector pùblico como privado.
Esta penetración alcanza por igual a grupos y aspirantes políticos
en una maldita y peligrosa alianza de poder y delito.
Cierto que tal como reconoce el informe que comentamos, el paìs ha hecho
progresos en la lucha contra las drogas. Ejemplos palpables: el sonado caso
Quirino, considerado entre los màs importantes en la historia de la
DEA norteamericana y las frecuentes e importantes ocupaciones de estupefacientes
llevadas a cabo por las autoridades locales. No menos cierto que al gobierno
norteamericano no le asiste en rigor el menor derecho legal ni moral para certificar
o descertificar al resto de los paìses, en un campo en que los propios
Estados Unidos han evidenciado una notable vulnerabilidad al no poder controlar
eficazmente ni el tràfico ni el consumo dentro de sus fronteras.
Pero al margen de estas realidades, tambièn es incuestionable que tenemos
que incrementar nuestros esfuerzos por prevenir, combatir y reducir el comercio
y consumo de dlrogas. No para agradar a los Estados Unidos ni buscar su visto
bueno, sino por nuestro propio interés. Y para lograrlo precisamos despertar
mayor conciencia en el seno de nuestra sociedad. Conseguir que cada institución,
cada familia, cada ciudadano se conviertan en aliados activos, militantes de
lo que debe ser una gran cruzada nacional: No a las drogas...antes de que sea
demasiado tarde.
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