Martes
12 de julio/
EL TIRO RAPIDO
Datos ofrecidos por
el Director del Consejo Nacional de Población y Familia dan
cuenta de que para el próximo año, seremos 9 millones
229 mil 850 los pobladores de este hermoso pedazo de isla con que
nos regalò la Providencia.
La información, dada con motivo del Dìa Mundial de la Población,
tiene mucha mayor importancia que la de simplemente darnos a conocer el crecimiento
demográfico del paìs.
El propio reporte señala que de esos casi 9 millones 230 mil seres humanos, el
39 porciento estaremos concentrados en Santo Domingo y Santiago. Mientras
tanto, en sentido inverso, y èste es el otro dato significativo, en
ocho provincias del paìs, las supuestas a ser custodias de la zona fronteriza,
el registro poblacional apenas alcanzarà un 9 porciento del total. Ellas
son Valverde, Montecristi, Santiago Rodríguez,Dajabòn, Barahona,
Bahoruco, Independencia y Pedernales.
¿Què importancia tienen estos datos y què consecuencias
pueden derivarse de esa situación?
Veamos.
Desincentivados por la falta de atractivos que ofrece la vida rural, desertando
de las duras y por lo general, modestamente retribuidas faenas agrícolas,
atraídos por el lógico deseo de una mejor vida y ganados por la
cada vez màs alienante cultura consumista, el éxodo del campo a
la ciudad es continuo, casi siempre teniendo como protagonistas a la gente màs
joven.
No se trata de un fenómeno actual. Desde hace màs de tres
décadas este movimiento migratorio ha ido cambiando la composición
poblacional del paìs que, a la inversa de entonces, arroja hoy un 60 porciento
de población urbana y 40 por ciento rural.
El resultado de esta emigración constante y creciente, desborda
las posibilidades de nuestro mercado laboral que no dispone de los puestos de
trabajo necesarios para absorber esa mano de obra migrante. Ocurre lo mismo
con los servicios públicos básicos, siempre tan en precario, como
son el agua, la electricidad, la salud, la educación y el mismo
orden pùblico.
Nuestro crónico déficit habitacional que se estima supera las 600
mil unidades, tampoco brinda la oportunidad de un techo digno para albergar
este continuo flujo rural. De ahì, que se incrementan el hacinamiento
y los cinturones de miseria.
Con todo este cúmulo de limitaciones e insatisfacciones se incrementan
la delincuencia, la prostituciòn, el narcotráfico y los mismos
viajes ilegales a la búsqueda de ese mejor destino que no puede darles
nuestra vida citadina.
En cuanto a las provincias fronterizas, pese a su valor estratégico
de símbolos y custodios de la soberanìa nacional, su
creciente proceso de despoblación nativa les han ido generando un vacìo
cada vez màs pronunciado de dominicanidad. Tal es una cruda al tiempo
que inquietante realidad.
Son dos temas màs de los cuales preocuparnos y ocuparnos.
Porque el desbordamiento y hacinamiento poblacional de las principales urbes
sin respuestas que satisfagan necesidades laborales, habitacionales, de servicios
básicos y de orden pùblico de un crecido nùmero de
sus habitantes, sòlo puede conducir a situaciones sociales potencialmente
explosivas.
Y del mismo modo. la pèrdida de nuestra identidad fronteriza conlleva,
ya posiblemente a màs corto que largo plazo, muy reiteradamente
advertidas, pertinazmente desoídas y claramente lesivas consecuencias
polìticas.
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Jueves
14 de julio/
EL TIRO RAPIDO
Enérgicos,
convicentes, oportunos y definitivamente definitorios los pronunciamiento
del Presidente Leonel Fernández durante el acto efectuado
ayer con motivo de la presentación del Plan Estratégico
de Etica 2005-2008.
Al pronunciar el discurso de orden en este encuentro que contò con la
participación de algunas destacadas figuras internacionales,
el mandatario dominicano se refirió con un lenguaje inusitadamente fuerte,
a un tema de aura conflictiva y reciente divulgación.
Se trata de la clasificaciòn sobre estados fallidos llevada a cabo por
la revista especializada norteamericana “Foreing Policy”, Política
Internacional, en cuyo listado se incluye a Repùblica Dominicana.
El Presidente Fernández rechazò vigorosamente esa clasificaciòn,
dejando entrever que la misma pudiera ser parte de un plan destinado a promover
la intervención del paìs por parte de la Comunidad Internacional,
tal como se ha hecho con Haití. Y ante tal eventualidad, advirtió que
su gobierno no lo tolerarìa bajo ninguna circunstancia.
El Ejecutivo Nacional agregò que si nuestro paìs fue colocado en
ese listado por su proximidad fronteriza con Haití, el mundo debe saber
que no hay soluciones conjuntas para ambas naciones.
Ciertamente es asì.
Los problemas de Haití y de Repùblica Dominicana no son de la misma
naturaleza ni cuantìa. Y del mismo modo, aùn cuando compartimos
un mismo espacio geográfico, nuestras respectivas identidades son muy
dispares en todos los òrdenes, desde económico, social e
institucional hasta històrico, cultural y religioso. Tambièn
lo son la forma y oportunidades de superarlos.
No cabe pues pretender analizar la problemática nacional con la misma óptica
que la usada para medir el nivel de la tragedia haitiana. Ni colocarnos en la
misma clasificaciòn. Ni recomendar remedios comunes para diagnósticos
diferenciados.
La breve pero sustanciosa columna de Homero Figueroa, en el Diario Libre, lo
refleja de forma brillante. Nos complacemos en reproducirla.
El Estado Dominicano falla, pero no es fallido. No es lo mismo errar que
ser un error. El Presidente lo dejò claro: no aceptamos el mote. Las
comparaciones ofenden. Haití nada tiene que ver con nuestro soleado lar
patrio repleto de turistas. Aquì, no todos comen tres veces, pero
pocos se acuestan sin probar bocado; allà, pocos comen tres veces y muchos
sòlo conocen de viandas con “compaña” soñada;
aquì, el conflicto político es con pela de lengua; allà,
es con suplicio de Pere Lebrun; aquì, no todos leemos; allà,
casi nadie. Aquì, fallamos reiteradamente; allà, estàn
fallidos irremediablemente.
Màs claro y categórico, ni hablar.
¿ Fallo de apreciación por parte de esos expertos internacionales
tan dados a meter la mata? O, ¿parte de un perverso montaje para
arrancarnos soberanìa y forzar el màs que sueño, pesadilla
de la isla “una e indivisible”?
Cual sea la razón o el trasfondo, bien ha hecho el Presidente Fernández
en airear el tema y ponerle puntos a las ìes. Que en esta postura,
sin necesidad de ser peledeìsta ni nada que lo parezca, bien merece
el apoyo firme de todos sin distingos ni mezquindades.
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Viernes
15 de julio/
EL TIRO RAPIDO
El Secretario
Administrativo de la Presidencia, Luis Manuel Bonetti, ha avanzado
que el gobierno se propone reducir en un veinte porciento la asignación
de fondos para gasto de combustible en las diferentes dependencias
del Estado.
Ya anteriormente, el Presidente Leonel Fernández habìa bajado una
línea a fin de que se adoptasen diferentes medidas de ahorro energético
en todas las oficinas pùblicas, ante el disparo de los precios internacionales
del petróleo.
Estos han batido los rècords alcanzando niveles sin precedentes. Y
su tendencia parece inexorablemente orientada a seguir creciendo. Una firma
de estimaciones tan reputada como la J. P. Morgan, estima que el precio
del crudo pudiera llegar hasta 75 dòlares el barril. El Presidente
Chàvez llegò a hablar en fecha no muy lejana, de hasta 120 dòlares.
A los precios actuales, el paìs, según revelò el Secretario
Técnico de la Presidencia, Temìstocles Montàs, tendrà que
disponer de mil millones de dólares adicionales a los dos mil quinientos
anuales que se està tragando la factura petrolera.
Hay que imaginar entonces, cuàntos dólares màs tendríamos
que buscar si llegan a cumplir los sombríos pronósticos de la firma
que lleva el nombre de una figura legendaria, ya desaparecida, de la banca
mundial. Y de paso, còmo ello presionarìa la tasa del dólar
y en què forma repercutirìa sobre las finanzas pùblicas,
la economía privada y la todavía disminuida calidad de vida de
los dominicanos.
En diferentes ocasiones hemos llamado la atención sobre la necesidad,
cada vez màs apremiante, de fomentar no ya una campaña coyuntural
de ahorro energético sino toda una verdadera cultura que sustituya nuestros
tradicionales hàbitos de dispendio.
Este es un paìs pobre, por màs que a veces nos hacemos la ilusión
de que somos ricos y, peor todavía, pretendemos vivir como tales, haciendo
alarde de lo que no tenemos.
Factor de gran incidencia en nuestra pobreza es que no poseemos ese recurso casi
mágico que es el petróleo, en un mundo cada vez màs dependiente
de la energía.
Pero màs grave aùn: que sin poseerlo, ni hemos procurado desarrollar
fuentes alternativas de energía para sustituir el crudo, ni nos hemos
abocado a la imperiosa necesidad de hacer un uso racional y medido del mismo. Antes
al contrario, seguimos gastando sin ton ni son.
De ahì, que haya que saludar como positiva la decisión del gobierno
de imponerse como meta bajar un 20 porciento su consumo energético, lo
que incluye, según se ha publicado, prohibir la circulación de
los carros con placa oficial los fines de semana salvo que estèn desempeñando
alguna misión.
Pero creemos que el problema es de tal magnitud que no debemos conformarnos con
esa simple medida que atañe al sector oficial.
Los paìses de Centroamérica, con los cuales estamos en desventaja
competitiva ahora mismo, que gastan en su factura petrolera cantidades significativamente
inferiores a nosotros, estàn adoptando medidas generalizadas de ahorro.
Aquì no podemos ser menos y no nos quedarà màs remedio que
abocarnos desde ya mismo a tomar decisión en este sentido. Molestosa,
irritante inclusive, pero imperiosamente impostergable si queremos vivir con
los pies en la tierra y no continuar pagando el precio cada vez màs elevado
de nuestra imprevisión, y ¿por què, no? agentamiento.
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