Miércoles
1o. de junio/
EL TIRO RAPIDO
Dos situaciones que
representan sendos, serios y delicados retos tiene por delante el
gobierno. Estas son la Reforma Fiscal y la eliminación
del subsidio al gas propano.
Ahora mismo, el sector empresarial continùa reclamando con apremio que
la Reforma se produzca antes de que entre en vigencia el Tratado de Libre Comercio
con los Estados Unidos y Centroamérica. Si bien, èste ha
venido confrontando obstáculos para su aprobación en el Congreso
Norteamericano, los sectores productivos nacionales estàn convencidos
de que, a la corta o a la larga, entrarà en vigencia convirtiéndose
en un fuerte desafìo de competitividad para los mismos.
Ese desafìo no podrà ser enfrentado por los productores dominicanos
sin lograr al menos, un nivel de igualdad tributaria con sus competidores de
Centroamérica. Al presente, èstos se desenvuelven en este
sentido, en condiciones de mucha ventaja sobre los nuestros. De ahì,
el interés, la insistencia de los productores criollos para que el gobierno
se aboque con la mayor celeridad, a la elaboración y discusión
de la Reforma, confiando que la misma les libere de las pesadas cargas impositivas
que al presente elevan sus costos y les restan toda posibilidad de leal competencia.
Esta situación no se presenta fácil para el gobierno. Esto
asì, porque debido al Tratado el Estado sufrirà una fuerte pèrdida
en sus ingresos al tener que suprimir los aranceles para los productos provenientes
de los paìses signatarios y desmontar la Comisión Cambiaria. Un
Estado que a su vez està fuertemente presionado en sus finanzas por los
compromisos de repago de la deuda tanto externa como interna, debido a una festinada
política de endeudamiento, asì como por la necesidad de impulsar
los programas emergentes de lucha contra la pobreza y de ampliar y mejorar los
vitales servicios de salud y educación.
Esta ùltima circunstancia nos lleva de la mano a la exigencia del Fondo
Monetario Internacional de eliminar el subsidio al gas licuado. Este, en
sus orígenes, tuvo como objetivo beneficiar a las amas de casa de escasos
recursos y reducir la depredación forestal con fines de hacer leña
y carbón para cocina y otros usos domésticos.
Con el tiempo, este propósito se distorsionò y fue extendiéndose
a otros sectores, incluyendo el transporte, hasta el punto de que hoy apenas
constituye un treinta porciento del total de beneficiarios, las amas de casa
de todas las clases sociales, que son favorecidas con el mismo.
Esta distorsión sin embargo, si bien cuesta unos dos mil millones de pesos
anuales al Estado, ha generado al expandirse, una compleja situación de
hecho que tiene una elevadísima incidencia social y económica que
afecta diferentes actividades y alcanza a un gran nùmero de personas,
con un costo político en caso de ser suprimido el subsidio, que no puede
ignorar el gobierno.
Corresponde a èste manejarse con extrema prudencia en la Reforma Fiscal,
donde deberà tratar de conciliar la necesidad de compensar su pèrdida
de ingresos con la de facilitar un marco de competitidad a los sectores productivos
que les permita sobrevivir al Tratado. Y de igual modo, en lo tocante a
la supresión del subsidio al gas licuado por las consecuencias y reacciones
que acarrearìa una medida tan impopular como altamente inflacionaria.
Considerando que el presente gobierno ha logrado un sobrecumplimiento de las
exigencias del Fondo y ha logrado un amplio superávit en sus ingresos,
existe un marco favorable para la renegociación de este punto. Esto
asì, al menos para tratar de lograr un aplazamiento en su implementaciòn,
hasta que se produzca un marco màs propicio de distensión en el
paìs, y de circunstancias favorables que permitan focalizar el subsidio
en los sectores pobres y la misma y sobradamente maltratada clase media, a travès
de mecanismos confiables y libres de toda sospecha de posible corrupción
y favoritismo.
Porque de no ser asì –y es de esperar que la burocracia fondomonetarista
lo entienda y comprenda que no resultarìa favorable tampoco para sus propios
propòsitos—las consecuencias pudieran resultar muy desagradables
y hasta desestabilizadoras, que es lo que menos puede interesarnos a todos.
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