Lunes
31 de mayo/ EL TIRO RAPIDO
UN CHISTE ALEMAN DEL PADRE ALEMAN
El Padre José Luis Alemán siempre ha sido reconocido
como un destacado economista, àrea compleja en la que por
lo general ha aportado enfoques juiciosos, y a menudo muy controversiales. En
esta ùltima categoría habrìa que inscribir
dos en particular que difundiò la prensa durante la pasada
semana y que creemos necesario enfocar.
El primero, es cuando advierte al Director de Impuestos Internos,
Juan Hernández, que en su gestión de cobro se limite a
darle un simple “pellizco” a grupos de gran poder económico
porque si los presiona en extremo para obligarles a cumplir con sus reales
obligaciones fiscales, pudieran crear una situación de desestabilizaciòn
política.
El enfoque que en este sentido hace el Padre Alemán nos imaginamos
que està condicionado por anteriores experiencias traumàticas
en nuestro paìs, y en otros donde tambièn existen altos
niveles de privilegios y muy bajos de institucionalidad. Ciertamente,
enfrentar intereses influyentes en el campo económico, tratar
de romper el esquema de irritantes privilegios siempre conlleva un alto
riesgo político en sociedades como la nuestra. En unos casos, èste
se manifiesta en las urnas, y en otros, se traduce en procedimientos
màs expeditos y cruentos.
La alerta no està por demàs, aùn cuando hay
que suponer que el gobierno tiene que estar consciente de ese riesgo
y posible costo y debidamente preparado para afrontarlo. Esto asì,
si tomamos en consideración el posterior comentario del Director
de Impuestos Internos al reafirmar que no habrà “vacas sagradas” en
el cobro de las cargas fiscales, lo que es de esperar que asì resulte
para, sin prisas pero sin pausas, ir dando pasos efectivos hacia
el ideal de una mejor naciòn donde una justicia tributaria
opere para todos por igual.
La otra declaración preocupante del Padre Alemán y que
ofrece màs aristas polémicas, es cuando aboga porque se
elimine la exención impositiva a quienes, al presente, reciben
ingresos por hasta 257 mil pesos anuales, es decir algo màs de
21 mil 500 pesos mensuales. El Padre Alemán califica de “barbaridad” este
nivel de exención fiscal, entendiendo que todos deben pagar
impuestos.
Realmente es una posición a la que no hallamos asidero ni justificación.
En primer tèrmino, esta exención no es una gracia ni una
dàdiva, sino una consecuencia de la aplicación del Código
Fiscal vigente que establece la misma ajustada anualmente a los índices
de inflación del Banco Central.
Este Código sustituyò la anterior legislación que,
al igual que la muy estricta vigente en los Estados Unidos, reconocía
deducciones por gastos de salud, educación, intereses hipotecarios, la
compra de vehículos a plazos, cantidad de hijos, entre
otras, las cuales han quedado suprimidas en el actual.
En segundo lugar, dista mucho de la realidad afirmar que quienes
estàn exentos de tributar hasta esos 257 mil pesos anuales,
no pagan impuestos.
¿
Acaso no los pagan cuando van al supermercado o al colmado para adquirir
sus alimentos gravados en mayor o menor medida, con el 13% de Comisión
Cambiaria, y en muchos casos con el 16% de ITBIS? Y los medicamentos, ¿no
pagan acaso la Comisión? Y los alquileres, ¿no
tienen la sobrecarga del ITBIS?
¿
Y no se paga algún tipo de los variados impuestos existentes, cuando
se compra una modesta pizza? ¿O se bebe un refresco, o una cerveza,
o un trago de ron, afectados además estos últimos
por un Impuesto Selectivo adicional? ¿O cuando se compra
un carro por barato que sea, se suscribe un seguro, se adquiere gasolina
y gas oil? ¿Cuándo se viaja al exterior o se usa
para vacacionar un hotel en el paìs? ¿O simplemente
cuando se paga la factura telefónica? ¿Y què peor
impuesto que la inflación que se traga el presupuesto familiar
màs allà de los 21 mil pesos mensuales?
En verdad, la gran mayorìa de los contribuyentes es bien poco,
o nada, lo que tienen que agradecer a un Estado que ha sido tradicionalmente
corrupto, clientelista, dispendioso e ineficiente y que no
retribuye ni siquiera mìnimamente a sus ciudadanos los impuestos
que pagan.
¿
Cobrarle impuestos sobre sus ingresos a estos empleados y obreros de
menos de 21 mil 500 pesos que no alcanzan para la canasta familiar en
la mayorìa de los casos, mientras se le dà un
simple pellizco a los poderosos?
Con todo respeto al admirado Padre Alemán: su propuesta tiene
todo el amargo sabor de un pesado chiste alemán. Y ojalà no
pase de serlo. Porque el horno no està para galletitas.
Y tan malo o peor que el riesgo de la desestabilizaciòn
política que pudieran promover esos grupos privilegiados
de gran poder, serìa el de un estallido social ocasionado por
la desesperación de la gente que no està para que le sigan
echando màs carga sobre sus agobiadas espaldas.
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