Lunes
25 de abril/
EL TIRO RAPIDO
Al igual que la corrupción tanto en el sector pùblico
como privado, la evasión fiscal pareciera ser un mal endémico
en el paìs. Se trata en definitiva, de una expresión
màs de esa propia corrupción tan grave y condenable como
cualquier otra. Esto asì, sean negocios turbios hechos
bajo la sombrilla protectora de los gobiernos, las comisiones en las
ventas y cobros al Estado, los sobreprecios en las obras pùblicas
de grado a grado y en la venta de bienes y servicios, los contrabandos
y otras formas de enriquecimiento ilícito.
Ahora bien: dentro del marco de la evasión fiscal en nuestro
paìs, a pesar de los esfuerzos de las autoridades por
reducirla, la que corresponde al ITBIS sigue resultando la de niveles
posiblemente màs significativos y tambièn, de seguro, la
màs condenable.
Hoy precisamente, la prensa recoge unas declaraciones del diligente
Director General de Impuestos Internos, Juan Hernández, señalando
que si tomamos en cuenta que el monto del ITBIS ha sido incrementado
en un 33 por ciento, elevándose del 12 al 16 porciento para
el presente año, la evasión por este concepto ha aumentado
en vez de disminuir.
Según Hernández, a Marzo pasado apenas se puso recaudar
algo màs del cincuenta por ciento de la cantidad debida. El
faltante representa, de acuerdo a los estimados del funcionario, nada
menos que entre 7 a 8 mil millones de pesos anuales.
En el caso de este tributo, como apuntamos antes, la evasión
resulta màs grave y merecedora de mayor sanción por tratarse
de un delito contra el Estado...y contra el pùblico. No
hay que olvidar que este gravamen lo pagan los consumidores.
Si usted va a un supermercado a adquirir los alimentos para su hogar,
o a una tienda de ropa o calzado, a un restaurante o un establecimiento
cualquiera de comidas rápidas, a una ferretería o a una
agencia de repuestos de automóviles, si quiere pasar un fin
de semana en un hotel, en suma si necesita cualquier bien o servicio,
la cuenta reflejarà la carga adicional del 16 porciento de ITBIS. Y
ese 16 porciento es de su bolsillo que sale.
El negocio que percibe dicho impuesto no tiene ningún derecho
a apropiarse de ese 16 porciento. Es un simple agente de retenciòn
y està obligado a reportar y liquidar, mes por mes, a Impuestos
Internos, las cantidades que ha cobrado por ese concepto. No
hacerlo asì, es incurrir en un gravísimo delito por partida
doble. Es robo, fraude o como prefiera llamarle, por un
lado al cliente, al consumidor que es quien lo paga y por otro al Estado,
que es el llamado a recibirlo.
De acuerdo a lo informado por el Director General de Impuestos Internos,
hay unas mil 200 empresas que han sido detectadas ahora mismo como
evasoras del ITBIS. A las mismas se les ha concedido un plazo
de apremio, vìa actos de alguacil, para que cumplan con el pago
bajo advertencia de ser sometidas a la Justicia.
Es lo menos que pueden esperar. Y es de esperar que no lleguen
a ese extremo. El propio Juan Hernández llama
la atención sobre el hecho de que, en casos anteriores, no se
ha registrado ningún acto de rebeldía.
Hay que saludar las acciones emprendidas para corregir la evasión
del ITBIS al tiempo que rechazar y condenar vigorosamente esta pràctica
ilegal. La misma tiene que ser erradicada de tal modo que el
Estado pueda obtener los ingresos que necesita, los sectores productivos
las compensaciones fiscales que reclama para reducir su falta de competitividad
frente al reto del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Centroamérica
y los ciudadanos no verse agobiados con nuevos y mayores impuestos.
Porque por lo que dejan de pagar los evasores, pagan en exceso los
que no lo son.
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Martes
26 de abril/
EL TIRO RAPIDO
El pleno de la Càmara
de Cuentas ha decidido ponerle freno a la locuacidad de su presidente. Y
con ese fin dispuso que el mismo se abstenga de hacer màs
referencias pùblicas a la auditoria que se llevarà a
cabo para determinar si se incurriò en alguna irregularidad,
se cometió alguna acciòn dolosa, se sobrevaluò en
fin y se cobro algún peaje por el mobiliario y decoración
del edificio que sirve hoy de lujosa sede a la Suprema Corte de Justicia
y la Procuraduría General de la Repùblica.
Se trata de una medida sabia y oportuna. Necesaria para tratar de salvaguardar
la credibilidad, o lo que pueda restar de ella, de un organismo al que le corresponde
una delicada misión fiscalizadora sobre la forma en que se hace uso de
los fondos públicos en las distintas dependencias del Estado y en las
entidades autónomas.
Esto asì porque el presidente de la Càmara, Máximo Castillo,
actuando de manera a todas luces imprudente, avanzò un juicio de valor
en este caso, al afirmar que estremecerían al paìs los resultados
de esa auditoria, cuando lo cierto es que todavìa no se ha realizado la
misma. Como consecuencia de ese acto de irresponsable protagonismo, Castillo
colocò la Càmara de Cuentas en el ojo del debate pùblico,
provocando una fuerte rèplica del titular de Obras Pùblicas, quien
acusa al magistrado de parcialidad y partidarismo.
La reacción del funcionario oficial sindicando al presidente del organismo
como un cuadro al servicio del PPH, revive la conflictiva situación
que originò su designación para un nuevo perìodo al frente
del mismo, lo que en su momento se calificò de una jugada interesada por
parte del pasado gobierno.
Llamò la atención en esa oportunidad, que las màs fuertes
crìticas a la designación de Castillo no partieran de la oposición,
sino precisamente de la propia parcela oficialista, aunque de la corriente interna
adversa al pepehachismo y la reelección. Fue el senador perredeìsta
Tonty Rutinel, quien levantò su voz para denunciar en la alta càmara
legislativa y fuera de ella, que se trataba de una maniobra polìtica. Pero
fue màs lejos, ademàs, al reprocharle a Castillo la arbitraria
cancelación de dos técnicos del BID por crìticas vertidas
a la forma en que se estaba manejando la Càmara y a la comisión
de de alegadas irregularidades durante su gestión.
Al margen de estos polémicos antecedentes, reiteramos que Castillo ha
actuado en el presente caso de manera inadecuada e irresponsable al dejarse arrastrar
a un protagonismo pùblico que no se corresponde ni con su investidura
ni con las funciones que trae aparejadas la misma.
Para que sus auditorias resulten creìbles tiene que serlo tambièn
la propia Càmara. En ella hay magistrados que gozan de buen nombre. Pero
los deslices verbales de su Presidente ponen en entredicho su prestigio y confiabilidad,
que deben tratar de ser preservados lo màs celosamente posible.
Ahora mismo, la Càmara tiene un reto muy delicado por la resonancia pùblica
que ha tenido y sigue teniendo este caso. Se trata de la auditoria que
deberà efectuarse para establecer con absoluta, incuestionable transparencia el
costo real del mobiliario y decorado del inmueble que ha pasado a ser la nueva
casa de nuestro màs alto tribunal de justicia, al margen de cuya decisión
sea dicho en honor a nuestras informaciones quedaron el Presidente y demàs
magistrados que lo integran.
Pero para que ese ejercicio de fiscalización y todos los demàs
que son funciones propias de ese organismo sean aceptados como buenos y vàlidos, la
Càmara como tal y cada uno de sus integrantes tienen que evitar
que resulten afectadas de la menor sospecha de partidarismo o de cualquier otra
forma de parcialidad.
Oportuno pues, el freno impuesto a tan cuestionables demostraciones de
locuacidad y protagonismo pùblico de su presidente en el presente caso,
que por extensión debìa ser de aplicación en los demàs
quetiene a su cargo el organismo. Porque asì como los jueces deben hablar
exclusivamente por sentencia, tambièn la Càmara de Cuentas debe
limitarse a hacerlo por auditorias.
Y conste para evitar malos entendidos que quien habla estima el gasto de
alrededor de 250 millones de pesos que habrìan costado el mobiliario,
cortinajes y demàs elementos del decorado según divulgò El
Nacional y no ha sido desmentido hasta ahora, es en el mejor de los casos un
dispendio màs que injustificado dentro del marco de crisis en que
nos estamos desenvolviendo.
Porque para revestirse de respeto y solemnidad, la justicia no precisa
de lujo ni derroche. Basta con que sea eficiente y nos mida a todos
con la misma vara.
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Miércoles
27 de abril/
EL TIRO RAPIDO
Durante un acto efectuado
en el Palacio Nacional con motivo de la presentación del informe
del conocido economista norteamericano Jeffrey Sachs sobre los Objetivos
de Desarrollo del Presente Milenio, el Presidente Leonel Fernández
reclamò la unidad de todos los sectores que inciden en la
vida del paìs para enfrentar los males que lo aquejan.
El planteamiento del mandatario es vàlido aunque no precisamente novedoso. De
lo que se trata a fin de cuentas es de poner de nuevo en actualidad y sobre el
tapete de las prioridades, la necesidad cada vez màs apremiante de consensuar,
diseñar y poner en ejecución un Plan de Desarrollo Nacional, un
autèntico Proyecto de Nación que comprometa el esfuerzo solidario,
la firme voluntad de todos: partidos políticos, sectores productivos,
asociaciones profesionales y gremios obreros, mundo académico, la Sociedad
Civil y naturalmente, el propio gobierno.
Por espacio de mucho tiempo se ha venido alertando y abogando por parte de voces
sensatas y pevisoras del paìs sobre la urgencia de asumir con responsabilidad
este indispensable compromiso que implica anteponer los intereses nacionales
a toda conveniencia particular, provecho sectorial o ventajismo político.
Hace algunos años, estando aùn vivos y en activo los tres grandes
lìderes políticos que dominaron el escenario nacional durante 4
dècadas, a saber Joaquín Balaguer, Juan Bosch y Josè Francisco
Peña Gòmez, se llegò a elaborar, con participaciòn
de la Sociedad Civil, una agenda mínima de gobierno de comùn aceptación
y realización por parte de cualquier de ellos que llegase al poder.
En ese acuerdo se identificaron los diez o doce problemas màs agudos
que afectaban a la población. La pobreza, el desempleo, la crisis
energética, la corrupción pùblica y privada, la necesidad
de impulsar la educación y mejorar la salud pùblica, figuraban
entre otros temas de la màs alta prioridad. Lamentablemente, traumáticos
acontecimientos posteriores que siguieron a la firma de ese convenio, hicieron
que èste cayera en el vacìo.
A partir de entonces, en diferentes oportunidades y escenarios, se ha replanteado
el tema de manera muy episódica, pero sin que se tradujese en una acciòn
concreta.
Hoy los problemas que se incluyeron en aquel acuerdo a que hicimos referencia
siguen presentes en el paìs, en algunos casos màs acentuados, y
con el agregado de nuevas situaciones que representan serios retos a enfrentar.
Al presente, como si no hubiesen transcurrido varios lustros, seguimos confrontando
graves problemas con el deficiente suministro y la cada vez màs elevada
tarifa de energía eléctrica. Hay muchos màs pobres
que entonces. Se ha incrementado significativamente el desempleo que casi
ronda el 19 porciento. La educación sigue desenvolviéndose
en precario y la salud acusando las mismas graves fallas de siempre. La corrupción
y la impunidad continùan siendo males a erradicar. Y la delincuencia y
la inseguridad se han convertido en tema de primer orden. En adiciòn,
la situación económica y financiera es mucho màs difícil
y la deuda externa en extremo gravosa. Tenemos al Fondo metido dentro de la casa
y como si fuese poco, de camino nos viene el Tratado de Libre Comercio con la
avasallante y desigual competencia de Centroamérica y los Estados
Unidos.
Hoy màs que nunca la situación del paìs reclama, demanda,
exige este Proyecto de Nación ante las grandes dificultades que enfrentamos
al presente y los graves obstáculos que nos presenta el futuro.
Ojalà asì se entienda. Que la sensatez, la buena voluntad
y el propio instinto de conservación comiencen a primar en el ànimo
del liderazgo nacional, a fin de hacer un alto en las querellas mezquinas, el
debate minúsculo, la zancadilla trapera que sufrimos dìa a dìa,
para asumir los retos y oportunidades del presente y del porvenir con elevado
sentido de nación.
Posiblemente haya quienes piensen que estamos divariando o pecando de ingenuos
con planteamientos de esta naturaleza. Pero la cruda realidad es que...o
lo hacemos asì y ganamos el derecho a un futuro promisorio de progreso
y bienestar, o por el contrario ese mismo futuro sòlo nos habrà de
deparar dificultades mayores y dìas aciagos y continuaremos siendo un
pobre paìsito del Tercer Mundo, una republiquita bananera màs cargada
de sueños cada vez màs distantes, frustraciones màs
y màs amargas y una pobreza cada vez màs extendida y esclavizante.
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