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Director Mario Rivadulla
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ABRIL/2005
 
Semana 11 al 16
 

Lunes 11 de abril/ EL TIRO RAPIDO

Hablando ante un grupo de sus seguidores en San Juan de la Maguana, el pasado sábado, el ex Presidente Hipólito Mejìa acusò al actual gobierno de estar silenciando una alegada crisis bancaria.
 
Las manifestaciones de Mejìa fueron ampliamente difundidas por la prensa en forma destacada, dando lugar a una inmediata rèplica por parte de la Asociación de Bancos Comerciales.  En su respuesta, la entidad rechaza de manera categórica que exista una crisis en este importante sector que es la columna angular de todo el sistema financiero nacional.
 
Tal como expresa la Asociación, la banca dominicana està al presente libre de toda sospecha y es, posiblemente, la màs confiable de la región y de Latinoamérica.  Después de las sonadas quiebras que afectaron la credibilidad del sistema tres años atràs, los bancos nacionales han estado sometidos a los màs rigurosos procesos de auditoria, tanto a nivel local como internacional.
 
Oportuno es recordar que uno de los requerimientos del Fondo Monetario para firmar el acuerdo stand by con el paìs, fue comprobar con sus propios técnicos el manejo, estabilidad y solvencia de la banca nacional.  Nada menos que cuarenta auditores del Fondo estuvieron hurgando, verificando, volviendo patas arriba nuestra estructura financiera para confirmar su estado de salud, rindiendo al final, después de tan escrupuloso experticio, un informe favorable.
 
La aplicación del Código Monetario y Financiero, fruto de un prolongado proceso de elaboración y consenso tanto como de procedimientos contables y de auditoria pùblica y privada mucho màs rigurosos otorgan sello de máxima confiabilidad a la respuesta de la Asociación de Bancos a las manifestaciones, sin duda poco prudentes, de Mejìa.
 
A èste, quien el pasado fin de semana se mostrò fuertemente crìtico del actual gobierno, nadie puede regatearle su derecho a expresarse libremente.  Le corresponde hacerlo tanto en su condición de ex mandatario en defensa de su gestión sometida al presente a los màs duros cuestionamientos èticos, como de censurar las actuaciones de la presente Administración desde su óptica de dirigente opositor.
 
Pero el ejercicio político debe manifestarse en todo momento dentro de un marco de responsabilidad.  Con fronteras bien definidas y respetadas que marquen la diferencia entre el interès del paìs y las conveniencias partidarias y personales.
 
Y la salud y credibilidad del sistema financiero, siempre importantes, constituyen al presente,  por mùltiples y sobradas razones, un interès fundamental de la nación que por su trascendencia económica, social e institucional debe ser extrañada del debate político que en nuestro paìs, por desgracia, como reflejo de la erosión de valores que vivimos en todos los campos, tiende a deslizarse con suma frecuencia hasta niveles irresponsables,  cuando no francamente mezquinos.
 
La banca dominicana ha servido en numerosas oportunidades de tabla de salvación para el propio Estado, al que ha facilitado cuantiosos recursos en situaciones crìticas de iliquidez.  Esto asì, a lo largo de los años y en todos los gobiernos sin excepción.  El propio Hipólito Mejìa, cuando fue Presidente, hizo un amplio uso de esas facilidades crediticias.
 
Dejemos a los bancos y al sistema financiero al margen de disputas y  conveniencias partidarias.  No arrojemos la menor sombra de duda sobre la situación, manejo, fortaleza, credibilidad y liquidez de nuestra banca comercial.  Porque ademàs de ser injusto y  no corresponder con la realidad, hacerlo  resultarìa una apuesta en extremo peligrosa y perniciosa para el paìs,  en la cual todos sin excepción saldríamos gravemente perjudicados.

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Martes 12 de abril/ EL TIRO RAPIDO

Este fin de semana se dejò escuchar a travès de diferentes espacios de comunicación al Director Ejecutivo de la Fundación Institucionalidad y Justicia.  Con palabra admonitoria, el vocero de FINJUS llamò la atención sobre el grave estado de erosión moral en que yace nuestra sociedad que, tal como expresò, toca y contamina todos sus àmbitos e instituciones.
 
El licenciado Servio Tulio Castaños hablò alto y duro sobre el recurrente tema de la corrupciòn, recordando que en los últimos años no se ha producido ni una sola sentencia en los tribunales para sancionar expedientes de esa naturaleza.  De hecho, recordemos, y esto es de nuestra propia cosecha, que en las ùltimas tres décadas sòlo se ha originado un fallo de este tipo. El mismo, sin embargo, no estaba animado en el fondo de ninguna finalidad moralizante sino que fue usado como simple movida  política para restar posibilidades electorales en esa ocasión al Partido Revolucionario Dominicano.
 
Coincidentemente con estos señalamientos del alto ejecutivo de FINJUS, el ex Vicepresidente de la Repùblica, Jaime David Fernández Mirabal, quien en los últimos tiempos ha mantenido un perfil protagónico muy moderado, reapareciò en el escenario pùblico dirigiendo tambièn fuertes crìticas a la Administración de Justicia, a la que reprocha no haber respondido a las expectativas que generò en el conocimiento y manejo de  los casos de corrupción.
 
Como punto de referencia, Fernández Mirabal echò mano al caso  RENOVE.  Y al efecto,  recordò que este expediente se iniciò durante la pasada Administración en base al informe de auditoria del entonces Controlar General, Federico Lalane José, calificado en justicia como un profesional serio y competente.  Lalane José detectò y sostuvo públicamente las mùltiples irregularidades que a su juicio se registraron en la realización  del citado plan.
 
Es en base a tales  informes que se instrumentò este expediente heredado del pasado gobierno, lo que descarta el menor vestigio de posible persecución política al ser puesto en marcha bajo la actual administración.  Pese a esa circunstancia y a que existen abundantes pruebas de dolo a la mano, se queja Fernández Mirabal de que los implicados fueron liberados apenas al siguiente dìa de haber sido apresados.
 
Es oportuno recordar que apenas la pasada semana el propio Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Julio Subero Isa, sorpresivamente admitiò que la Justicia gratis es una ficción, porque en realidad en la mayorìa de los paìses de América Latina, resulta cara y mala.  No hay que aclarar que entre esa mayorìa, figura nuestro paìs.
 
Con todo este marco referencial alimentado por la realidad del cúmulo de expedientes por presuntos actos de corrupción que permanecen dormidos, por lo general sòlo aireados de manera coyuntural màs que nada  con fines de chantaje político, y sobre los cuales no ha recaìdo un solo fallo, como bien apunta el Director Ejecutivo de la FINJUS, no podemos alimentar excesivas esperanzas de que la corrupción pùblica y privada no continùe siendo arropada por la impunidad, como infortunadamente ha sucedido hasta el presente, sobre todo en sus niveles màs elevados.  Porque tambièn en este escenario es comùn que la soga quiebre por lo màs delgado.
 
Sin excusar la parte de voluntad política que corresponde aportar al gobierno en la lucha contra la corrupción,  ¿còmo esperar que con la actual Administración de Justicia, salvo honrosas excepciones, los actos de dolo cometidos por los poderosos vayan a ser penalizados?
 
¿ Que los autores de fraudes, contrabandos, escandalosos sobreprecios en las obras pùblicas, comisiones y peajes en los suministros al Estado, que quienes se han repartido alegremente el patrimonio pùblico en beneficio propio, levantado multimillonarias fortunas a la sombra del poder, o en punible alianza con elementos oportunistas y ventajistas del sector privado,  vayan a ser condenados a devolver sus bienes malhabidos y a pagar por sus delitos?
 
De cierto, no abogamos porque una Justicia arbitraria, festinada, selectiva ni mucho menos reñida con las normas del Derecho. Pero es tambièn cierto que hasta ahora no ha habido señales alentadoras de que los expedientes por actos de corrupción, que asombran por la magnitud que se les atribuye, sean despejados por vìa de fallos justos que no estèn influidos por el presiones, influencias, amiguismo, soborno por un lado, ni el menor asomo de prejuicio político o enemistad personal por otro. 
 
Es de dudarlo y asì lo està percibiendo una parte cada vez màs creciente y escèptica de la ciudadanìa. Bien quisiéramos estar equivocados.  Por desgracia, creemos que hay motivos màs que sobrados para creer que el pronòstico no resulta el màs favorable.

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Miércoles 13 de abril/ EL TIRO RAPIDO

El destacado sociólogo Frank Marino Hernández ha traído de nuevo a tema de actualidad el controversial caso de Haití.  Esto asì,  al plantear que si la clase política del territorio vecino no logra superar sus agudas diferencias y su pueblo alcanzar niveles de integración social al margen de la violencia estremecedora a que apelan con tan sangrienta frecuencia, los paìses donantes de ayuda y la comunidad internacional pudieran solicitar a la ONU la instauración de un fideicomiso en su territorio.
 
El señalamiento del licenciado Hernández generò la pronta  reacción  del ex cónsul haitiano Edward Paraison, bien conocido en el paìs por su prolongada gestión diplomática entre nosotros, expresando su oposición a esa alternativa de posible solución a la crisis haitiana. Al rechazarla, Paraison  asegura que en su paìs hay un consenso mayoritario contra toda forma de protectorado y advierte además, que de ejecutarse  se derivarìan perjuicios para la Repùblica Dominicana que no especificò.
 
Son comprensibles sus aprensiones.  El solo hecho de tener que acudir a un fideicomiso como forma de superar una situación de crisis domèstica,  siempre resulta un bocado desagradable, una amarga y frustrante forma de admitir  incapacidad para resolverla  con los propios medios..   Por consiguiente,  quiérase que no, conlleva la sensación de cierta reducción o suspensión temporal del concepto de soberanìa.
 
Pero la cuestión que se plantea como dilema, desde un plano realista, es si Haití, en sus presentes condiciones, es capaz de superar por propia iniciativa  y fuerzas sus casi ancestrales problemas.  Estos, bueno es enfatizarlo, no son sòlo ni principalmente políticos, sino de carácter económico y social, ecológico, educativo,  sanitario, institucional y de orden pùblico. Su amplitud y  persistencia hacen de todo punto imposible implantar y sustentar tan siquiera una ficción de democracia, cuyos repetidos ensayos hasta ahora han concluido en rotundos fracasos.
 
No puede olvidarse que el territorio vecino figura como el paìs màs pobre del Continente y entre los màs miseriosos del mundo. Entre los màs enfermos, atrasados y con menos posibilidades de poder salir por su propio impulso  del estado de postración en que se encuentra desde hace años, cuya precaria sobrevivencia depende en gran medida de la ayuda internacional.
 
Con màs del noventa porciento de su población sumida en real o muy cercana situaciòn de indigencia, un sesenta de analfabetismo, màs de la mitad de su población carente de empleo o de ingresos estables, la mayor parte de su territorio afectado por la deforestaciòn y los màs altos índices de SIDA, tuberculosis, malaria y otras enfermedades letales o crónicas, la posible recuperación de Haití como Estado e integración como sociedad  constituyen retos de incalculables dimensiones.
 
¿ Està acaso la clase política haitiana, fragmentada en màs de  un centenar de partidos y grupúsculos y carente de un liderazgo aglutinador  en capacidad de afrontar y superar ese gran desafìo?
 
¿ Se puede creer ingenuamente que la comunidad internacional, los paìses màs ricos y poderosos del planeta, que poseen recursos de sobra para regalar pero que no los entregan alegremente y teniendo que rendir cuentas a sus respectivos contribuyentes, van a destinar fondos de manera indefinida para la dudosa rehabilitación de Haití entregándolos en manos tan poco fiables, como son  las de un estado colapsado y una sociedad profundamente dividida y en proceso de desintegración como tal?
 
Guste o no, hoy por hoy y desde hace mucho tiempo, bajo las condiciones prevalecientes Haití es un estado inviable, carente de unidad, autoridad e instituciones mìnimamente estables.  Una porciòn de tierra en gran parte desertificada,habitada por  por millones de seres que,  en su inmensa mayorìa, deambulan atrapados en la camisa de fuerza de la  miseria, el atraso, la enfermedad, la desesperanza y el vano sueño de una redención sin horizontes. Y que,  como elementos agravantes, le suma el servir de guarida y centro de operaciones al narcotráfico internacional  y es escenario propicio de todo gènero de  actividades delictivas.
 
Y guste o no, la ùnica opciòn visible que se ofrece al pueblo vecino, hermano en la medida en que se dejen atràs resabios històricos y afanes de supremacía, es a nuestro juicio, planteada desde mucho antes y  coincidente con la que señala Frank Marino Hernández,la fòrmula de un fideicomiso bajo la sombrilla y directa supervisión de la ONU. No una  irritante y grosera forma avasallante de intervención, sino un solidario  compromiso internacional sustentado en el màs generoso apoyo económico, técnico y gerencial que pueda poner en ejecución un ambicioso programa de rescate económico y social, con énfasis en la generación de empleos,la salud y la educación. Una verdadera  operación rescate destinado a librar a Haitì de  su angustiosa y larga agonía.
 
Ciertamente, como hemos dicho en tantas ocasiones, todo lo que ocurre en Haití tiene que ser motivo de interés, seguimiento y  preocupación de este lado de la frontera,donde conviven muchos nacionales de esa orilla.  Màs que por vàlidas razones de solidaridad y humanitarismo, para nuestro paìs, por la razón suprema de su propia sobrevivencia,  debe ser Haití un tema de permanente y máxima prioridad dentro de nuestra agenda internacional, como tambièn lo es el  contribuir en la mayor medida posible  a su estabilidad y progreso.  Y dentro de esta óptica, con toda honestidad, no visualizamos al presente  ninguna otra opciòn, fuera del fideicomiso,  para que al paìs vecino se le abra la oportunidad dejar atràs la interminable crisis en que vive sumido, lo que para nosotros, por sobradas y obvias implicaciones, pudiera llegar a  representar tambièn una opciòn de vida o muerte.


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Jueves 14 de abril/ EL TIRO RAPIDO


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Viernes 15 de abril/ EL TIRO RAPIDO

Por la evidente significación que representa para el paìs en el orden económico y social, hay que darle cuidadoso seguimiento dìa a dìa, paso a paso, a la marcha del Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y los Estados Unidos.  Dentro de este contexto, es preciso llamar la atención sobre el desarrollo de la primera vista que se llevò a cabo el pasado miércoles en el Senado Norteamericano para la discusión del mismo.
 
En esta vista inicial, se confirmò lo que ya habìamos venido avanzando y comentando aquì,  desde hace bastante tiempo.  Esto es: la resistencia que està encontrando la Casa Blanca, el gobierno del Presidente Bush, para lograr una rápida ratificación de este controversial convenio, aprobado y firmado por nuestro paìs pràcticamente al vapor con irresponsable  ligereza, y en franca desventaja para nuestros sectores productivos.
 
La oposición al Tratado de Libre Comercio, los escollos que se han levantado en la Alta Càmara Legislativa Norteamericana, no responden sòlo a una firme posición de la bancada demócrata.  Esta refleja las inquietudes y el rechazo de los poderosos sindicatos obreros estadounidenses,  que ven con creciente preocupación la pèrdida de miles de puestos de trabajo debido al constante flujo migratorio de las grandes empresas y corporaciones de su paìs hacia tierras tercermundistas,  atraídas por el bajo costo de la mano de obra y los generosos incentivos fiscales que se les otorgan.
 
Senadores de la franquicia republicana, o sea del partido de gobierno, tambièn estàn recibiendo y acogiendo estas presiones del sector laboral, pasando a hacer causa comùn con sus colegas demócratas para cuestionar el Tratado y sus posibles consecuencias negativas para la clase trabajadora norteamericana.
 
Al mismo tiempo y de manera coincidente, mientras esto ocurrìa en el Senado de los Estados Unidos, en el nuestro se aprobò en primera lectura un proyecto de ley del representante por La Romana, Enrique “Chino” Seijas.  Este està  orientado a crear un marco fiscal adecuado para que nuestros productores industriales, agropecuarios,  agroindustriales y artesanales puedan hacer frente a la hoy ruinosa competencia de los centroamericanos y la que se avecina, por vìa del Tratado, por parte de los ganaderos y agricultores norteamericanos que reciben subsidios de su gobierno por màs de cuarenta mil millones de dólares.
 
Hay que saludar esta posición del Senado de la Repùblica.  La firme decisión que ha demostrado en todo este proceso de honrar el pùblico y reiterado compromiso que hizo de no ratificar el Tratado sin previamente aprobar las compensaciones para nuestros amenazados productores.
 
En esta dirección, cabe rechazar vigorosamente los paradójicos reclamos y presiones de quienes,  atendiendo exclusivamente a sus intereses grupales y personales, quieren llevar el paìs a la ratificación del Tratado tan a la carrera como fue tramitado y firmado para meternos en el hoyo en que ahora estamos.
 
Con independencia de que pueda ser ratificado o rechazado a mayor o menor plazo por el Congreso Norteamericano, este Tratado que tiene muy poco o nada de libre y sì mucho de impuesto, defender y preservar la producción nacional en todos sus frentes y niveles debe ser asumido como misión primordial por el Estado, un autèntico y prioritario compromiso de nación, alrededor del cual unir la voluntad polìtica del gobierno y el Congreso, el reto de competencia y superaciòn de los productores y el apoyo pleno del paìs.
 
El tema y el momento son de prudencia y firmeza.  Porque si no nos ponemos las pilas y nos apretamos el cinto para defender con uñas y dientes nuestra base productiva industrial, artesanal  y rural, estaremos poniendo en riesgo cientos de miles de puestos de trabajo, los medios de subsistencia de millones de dominicanos y hasta la propia soberanìa nacional.

 

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