Martes
22 de
febrero/ EL TIRO RAPIDO
El Foro
Barrial sobre Delincuencia y Cultura de Paz, efectuado el pasado
domingo en la iglesia Santa Ana, de la popular barriada de Gualey,
es una confirmación de lo que en todo este tiempo hemos venido
señalando sobre la necesidad de enfrentar la problemática
de inseguridad y auge de las actividades antisociales que prevalece
en muchos sectores de la capital, Santiago y comunidades del interior,
con una óptica que vaya mucho màs allà de
las simples medidas policiales.
No es por inclinación natural a vivir al margen de la ley que muchos jóvenes
se enrolan en las bandas ni practican la criminalidad ni se dedican al tràfico
y consumo de drogas prohibidas. Las razones son de origen diverso y exigen
meter el escalpelo con profundidad en la realidad en que se desenvuelven y mal
viven infinidad de dominicanos, y en particular jóvenes y adolescentes.
Cuando usted a quien no le pidieron permiso ni solicitò venir a este mundo
en tales condiciones resulta hijo de una relación ocasional, o le toca
en suerte un hogar desintegrado o simplemente no ha tenido hogar, ni se ha formado
dentro de un marco de valores esenciales a travès de la familia y de la
escuela, no ha tenido verdadera niñez, llega a la adolescencia
rodeado de miserias y carencias y se asoma a su juventud sin oportunidades de
trabajo ni de superaciòn, usted tiene prácticamente ganadas todas
las papeletas para convertirse en un ser antisocial.
Y si ademàs de eso usted percibe como referentes a políticos oportunistas,mentirosos
y deshonestos, a negociantes tramposos, a contrabandistas notorios, a delincuentes
de cuello blanco y tambièn de cuello sucio, a traficantes de drogas y
a autoridades corruptas que les sirven de cómplices y tapaderas y ve còmo
disfrutan con impunidad absoluta de sus riquezas malhabidas y hasta gozan de
preeminencia social y confronta todo eso con su miseria y su falta de oportunidades
decentes, hay que estar casi en olor de santidad para no caer en el delito y
en el vicio.
Esto es lo que por desgracia ha ofrecido nuestra sociedad en decadencia como
ejemplo y como modelo de vida a las nuevas generaciones. Y fruto de ello,
de las injusticias acumuladas, de las pillerìas sin castigo, de
la erosión de valores que, no nos engañemos con falsos puritanismos, han
permeado de arriba hacia abajo y no en sentido inverso, de nuestra indiferencia
y desidia, es la cosecha que estamos recogiendo. Aquellos polvos nos han
traído estos lodos. No hagamos pues muecas de asco ante una situación
de la que somos responsables en gran parte.
Hay que poner la vista en los barrios. En los barrios, la gente buena,
la gente decente es la gran mayorìa. Muchos de esos jóvenes
metidos en las bandas a los que hoy vemos con aprensiòn, serìan
ciudadanos ejemplares, trabajadores y con espíritu de superaciòn
si les hubièramos creado el marco adecuado para ello.
Es hora de que lo hagamos. De que cambiemos el rumbo de nuestra sociedad. De
que vayamos al rescate de la juventud barrial. De crearle un entorno material
y moral adecuado y de ofrecerles reales oportunidades de progreso y bienestar.
En los barrios hay gente trabajando en eso. Muchos párrocos católicos
y ministros de otras profesiones que hacen causa comùn con sus feligreses
para orientarlos espiritualmente pero tambièn para asistirlos en sus necesidades
y aspiraciones materiales. Y clubes deportivos. Y asociaciones
barriales. Y centros comunitarios y de madres.
Con ellos hay que trabajar. Darles apoyo y recursos con alma, corazón
y vida. Sumarnos a ellos para integrar sus vecindarios y comunidades al
necesario proceso de progreso social y de renovación moral a que estamos
obligados, donde el bienestar no sea privilegio de unos cuantos, las oportunidades
de superaciòn estèn abiertas para todos, la honestidad sea el referente
obligado y la impunidad deje de arropar a los grandes culpables de muchos
de nuestros males.
Porque lo otro, predicar sin el ejemplo, es puro fariseìsmo. Y a
los fariseos hay que azotarlos por hipócritas como hizo Jesús cuando
los expulsò del templo de Yavè.
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Jueves
24 de
febrero/ EL TIRO RAPIDO
El conocido
sismòlogo Rafael Corominas Pepìn al comparecer en el
almuerzo semanal del Grupo de Comunicación Corripio hizo señalamientos
que resultan muy preocupantes. Entre otros temas, nos
recordò algo que con frecuencia tenemos propensión
a olvidar. Esto es: que nuestro paìs està ubicado
en una ruta sísmica.
En este sentido señalò que se ha establecido estadísticamente
que a intervalos de entre setenta y ochenta años, el paìs està expuesto
a un fuerte evento de esta naturaleza. Y advirtió ademàs,
que ahora mismo estamos a distancia de apenas quince años para alcanzar
esa fase crìtica. O sea que prácticamente nos encontramos
en cuenta regresiva.
¿Estamos preparados para afrontar un evento de esa naturaleza y de elevada
intensidad con mínimo riesgo en vidas humanas y daños materiales?
A juicio de Corominas Pepìn la respuesta es un rotundo ¡no! Una
afirmación, y esto es lo màs inquietante, fundamentada en un
riguroso estudio llevado a cabo en unas cinco mil setecientas escuelas y hospitales. Vale
destacar, poner énfasis, que el resultado desalentador de esa investigación
es que el ochenta porciento de esas edificaciones no estàn en condiciones
de resistir satisfactoriamente un sismo de entre cinco y siete grados, considerado
como de intensidad moderada.
Ni que decir què pudiera ocurrir entonces, cuàl serìa
el monto de daños materiales y posible pèrdida en vidas si por
desgracia fuésemos afectados por movimientos telúricos de mayor
fuerza destructiva.
El especialista enfatiza que es urgente implementar acciones de reforzamiento
de las estructuras encuestadas asì como de otras no incluidas en el
sondeo, tales como cuarteles, iglesias y estadios. Esto sin dejar al
margen, como es natural, instalaciones industriales, comercios, edificaciones
pùblicas, torres de apartamentos y viviendas en general. Por descontado
lo que ocurrirìa con las endebles casuchas de cartones y tablas podridas
que refugian las penurias de tantas familias desposeídas y con aquellas
otras improvisadas en lugares de alto riesgo.
Ahora mismo, según se planteò en el encuentro que comentamos,
se encuentra ya en fase casi terminal la elaboración del borrador de
lo que serà el Primer Reglamento Dominicano de Edificaciones.
Se trata de una pieza que busca establecer un màs adecuado marco legal
para la construcción, basado en previsiones técnicas màs
estrictas a las que deberàn ajustarse las construcciones que se levanten
en lo sucesivo. Con ello se procurarà garantizar mayores niveles
de resistencia estructural en las edificaciones y de seguridad para sus ocupantes, frente
a eventos naturales que pudieran afectarnos, tales como los frecuentes huracanes
y los terremotos.
El tema es de máxima importancia y debe considerarse de carácter
prioritario, sin dejarnos arrastrar por nuestras tan frecuentes demostraciones
de desidia e imprevisión. Y menos aùn, arropándonos
en la excusa de que todavía tenemos por delante quince años de
plazo para llegar al punto crìtico de riesgo.
Esto asì porque los estimados estadísticos nunca se cumplen con
exactitud cronométrica. Y porque en el mejor de los casos, esos
quince años de plazo se nos pueden convertir en apenas un suspiro y
echársenos encima si nos descuidamos y dejamos correr el tiempo sin
ejecutar las necesarias medidas correctivas.
La voz de alerta se ha dejado escuchar. Es una voz calificada. Y la luz
roja de advertencia y de peligro, ha sido encendida. Pongamos oìdo
y ojo en una y en la otra, y comencemos desde ya mismo a prepararnos a tiempo
y con tiempo para luego no temer que lamentar situaciones de desastre ante
cuyo aviso anticipado debemos proceder con la necesaria previsión.
Recordemos y hagamos buena en el presente caso, la famosa frase de “Guerra
avisada, no mata soldado”. El aviso lo tenemos dado. Lo
que hagamos frente a èl serà de nuestra absoluta responsabilidad
y no de la Virgen de la Altagracia.
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Lunes
28 de febrero/ EL TIRO RAPIDO
Durante
su discurso de ayer ante la Asamblea Nacional, el Presidente Leonel
Fernández, entre los aspectos puntuales que enfocò,
incluyò el Plan Familiar de Salud dentro del esquema
de la Seguridad Social.
El mandatario hizo énfasis en la necesidad de poner en marcha ese Plan,
de tan elevado interés social, cuyo inicio se ha debido aplazar en siete
ocasiones diferentes por los diversos obstáculos que enfrenta su implementaciòn.
Desde que se promulgò la Ley de Seguridad Social, unos tres
años y medio atràs, a diferencia del Plan de Pensiones que pudo
salvar con prontitud los escasos escollos que en el camino, con el de Salud
ha ocurrido todo lo contrario.
Un amago inicial llevado a cabo a tìtulo de prueba en la región
Sur, quedò prácticamente abortado desde sus mismos comienzos. Esto
asì, entre otras razones, por la penosa carencia de recursos y medicamentos
del sistema hospitalario regional para poder brindar siquiera mìnimamente
los servicios ofrecidos y requeridos por el Plan. Ello aparte de que
se comprobò que la casi totalidad de sus potenciales beneficiarios mostraron
una completa ignorancia sobre su contenido y alcance.
Un segundo intento probatorio realizado poco después en el Este del
paìs, puso al descubierto nuevamente las diferentes debilidades del
Plan. Entre otros escollos, se evidenciò que cientos de miles
de personas destinadas a recibir la cobertura, carecìan de documentos
de identidad, requisito básico para obtener sus beneficios.
A partir de esos dos fracasados intentos, comenzaron a manifestarse otras razones
que han influido poderosamente de manera negativa en la ejecución del
Plan de Salud. De manera particular, hay que destacar las frecuentes
situaciones de confrontación que han tenido lugar en el seno de la propia
Superintendencia de Salud, entre su titular, el doctor Bernardo Defillò y
los distintos agentes que deben participar en su implementaciòn. En
un àmbito màs amplio, el propio doctor Defillò ha confrontado
tambièn en varias oportunidades al licenciado Arismendy Dìaz
Santana, Administrador General del Consejo Nacional de la Seguridad Social.
Todas estas debilidades y situaciones han ido dilatando la puesta en
marcha del Plan de Salud Familiar, pieza clave para garantizar las atenciones
requeridas por la población sobre todo de aquellos grupos que carecen
de recursos para recibirlas por vìa del sector privado.
Lamentablemente las causas que han venido obstaculizando el inicio del llamado
Plan Básico de Salud dentro del marco de la Seguridad Social, se mantienen
vigentes. Como tales fueron admitidas por el Presidente Fernández
en su discurso de ayer.
Aparte de las diferencias de criterio existentes en el seno de la Superintendencia
de Salud que dejamos consignadas, cuentan temas fundamentales aùn no
resueltos.
En primer tèrmino, el costo del Plan Básico de Salud sobre el
cual existen serias discrepancias; a renglón seguido, el caso de la
doble afiliación al Instituto Dominicano de Seguros Sociales, que hasta
ahora no ha avanzado un solo paso en el proceso de reconversión dispuesto
por la Ley de Seguridad Social; y, en tercer lugar, la definición de
los honorarios profesionales de los mèdicos que, entre otros reclamos,
aspiran a recibir 500 pesos por consulta.
Resulta esperanzador que el Presidente Fernández haya incluido un punto
de tanta importancia en su discurso y en su agenda de prioridades. Sin
embargo, hay que hacer notar que el gobierno tendrà que hilar
muy fino para lograr que los obstáculos señalados que han retrasado
su inicio por tanto tiempo, puedan ser superados sobre bases realistas, no
populistas y con una visión racional y no emocional. Ello asì para
que pueda garantizarse cabalmente la sostenibilidad económica del Plan
de Salud dentro del marco de las màs amplias y eficientes atenciones
de salud a la población.
¿Podrà lograrlo el gobierno del Presidente Fernández rescatando
de su actual encalladura el Plan Básico de Salud?
Es sin dudas, uno de los principales retos que enfrentarà la presente
Administración en el plano social, y el cumplimiento de cuyo compromiso,
que asumiò ayer de manera formal el mandatario, quedarà sometido
a la prueba del tiempo.
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