Miércoles
12 de enero/ EL TIRO RAPIDO
El Presidente
de la Suprema Corte de Justicia ha rechazado que el expediente por
la muerte del senador Darìo Gòmez haya estado durmiendo
en ese alto tribunal. El doctor Jorge Subero Isa anunciò que
en los próximos dìas se decidirà la jurisdicción
que habrà de conocer el juicio por ese crimen que tiene ya
una data de antigüedad de tres años.
La versión oficial servida originalmente fue recibida con mucho escepticismo
por la mayorìa de la opinión pùblica. El caso presentado
por la Policía Nacional luciò como traído por los pelos
y dejò sembrada una gran cantidad de dudas.
Las primeras manifestaciones en este sentido partieron del propio Senado, donde
horas antes se habìa aprobado un proyecto de ley de la autorìa
del propio Gòmez, contra el lavado de activos del narcotráfico
y otras actividades ilícitas. Esta circunstancia diò lugar
a que se sospechara que el crimen hubiera procedido de ese litoral delincuencial.
La familia del asesinado senador por su parte, tambièn rechazò con
energía la explicación oficial, señalando que el crimen
no era fruto de un hecho fortuito sino de una acciòn planificada.
Desde entonces, la senadora Celeste Gòmez, hermana de Darìo y
quien ocupò su curul, comenzò a tocar diferentes puertas de autoridades
fiscales, judiciales y gubernamentales, en un largo e infructuoso vìa
crucis, reclamando profundizar las investigaciones.
Precisamente en estos dìas, la incansable legisladora hizo una denuncia
que por su gravedad resulta aterradora. Esto asì, en tanto revelò que
el arma con que se diò muerte a Darìo Gòmez se encontraba
en esos momentos en poder de la Policía Nacional.
Esa arma, propiedad de un comerciante, fue ocupada por el cuerpo uniformado
a raìz de un accidente sufrido por aquèl. El asesinato
del senador Gòmez se produjo exactamente en el espacio de tiempo que
media entre el momento en que la Policía Nacional ocupò el arma
y el instante en que la devolvió a su dueño.
¿Dònde estaba depositada el arma? ¿Quièn era
responsable de su custodia? ¿Còmo llegò a manos de los matadores
de Darìo Gòmez? ¿Còmo se devuelve un elemento esencial
de evidencia, como es el arma asesina, que debiera estar a depòsito en
los tribunales?
Junto a estas interrogantes marchan otros indicios muy preocupantes aportados
por la familia de Darìo Gòmez y que no han sido tomados en cuenta
en las investigaciones.
“El Mago”, apelativo con que se conoce al cabecilla del grupo que
materializò el crimen, estaba condenado a 30 años y obtuvo su libertad
mediante un auto judicial que la senadora Gòmez califica de irregular. Afirma
además que èste visitò en varias oportunidades la provincia
de Santiago Rodríguez en los dos meses anteriores al crimen, e inclusive
llegò hasta la residencia de la madre de Darìo Gòmez, presentándose
como “Ministro de Educación”. La dama, sospechando algo
anormal, le negò el acceso. “El Mago” tambièn
fue visto durante ese tiempo en las cercanìas del Congreso.
La familia de Gòmez señala tambièn que a Carlos Collares,
otro de los participantes en el crimen, los propios interrogadores le dieron
un balazo en un pie para obligarlo a que se callara cuando dijo que iba a declarar
todo lo que sabìa. Luego la familia del extinto senador visita
la prisión donde èste se encuentra y advierte al jefe del recinto
que existe un plan para matar a Collares. Pese a esta advertencia formal,
el recluso es asesinado pocas horas después por su compañero
de celda.
Otro indicio: Carlos Evertz, el sicario autoinculpado públicamente
en el matutino que dirige Cèsar Medina, de la muerte de màs de
una veintena de personas, revela que se le ofreciò un millòn
de pesos para asesinar a Darìo Gòmez. Evertz es detenido
y liberado un tiempo màs tarde, sòlo para meses después
ser asesinado en un cruce carretero de Santiago a Navarrete. Dìas
antes de ser ultimado, sin embargo, enviò un video a la familia de Gòmez
alertando de que existìa un plan para darle muerte.
Todos estos indicios y otros màs que seràn presentados a las
autoridades la próxima semana, según declarò ayer aquì,
en TELEDEBATE, la senadora Celeste Gòmez, dan notación de que
la muerte de Darìo Gòmez no fue un hecho circunstancial cometido
por unos delincuentes de poca monta, sino fruto de una conspiración.
¿Quièn o quiènes habrìan montado esta trama criminal? ¿Quièn
o quiènes tenìan interés en la muerte de Darìo Gòmez? ¿Por
cuàl o cuàles motivos querìan hacerlo desaparecer del mundo
de los vivos? ¿Quièn o quiènes han venido arropando este
hecho, obstaculizando que las investigaciones lleguen al fondo de este caso?
Son preguntas que quedan en el aire y que a nombre de la familia de Darìo
Gòmez, su hermana, la senadora Celeste, espera reciban adecuada respuesta
ahora confiando en la gestión del Procurador General de la Repùblica,
Francisco Domínguez Brito, quien ha solicitado la reapertura del expediente.
Esto asì, después de quejarse amargamente que durante el pasado
gobierno se actuò en este caso con desidia, irresponsabilidad y ausencia
de voluntad política para llegar la conocerlo en profundidad, seguir
todos los hilos de la presunta conspiración criminal e identificar,
atrapar, someter a la justicia y sancionar debidamente a los autores intelectuales
de este hecho que, hasta ahora, a estado en una especie de limbo jurídico
y que la familia del extinto senador califica de “Crimen de Estado”.
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Jueves
13 de enero/ EL TIRO RAPIDO
Leer
el vìvido relato que apareció en la edición
de ayer en el vespertino El Nacional del sepelio de un sindicado
capo de la droga en Capotillo y otros barrios de la parte alta de
la Capital, provoca toda una serie de reacciones diversas.
Preocupación, honda preocupación por el alto grado de desvalorización ètica
a que hemos llegado, temor; infinito temor por el seguro sombrìo futuro
que le espera al paìs de continuar por este mismo camino; indignación
por la complacencia, la desidia, cuando no la culpable complicidad de quienes
estàn en el deber de evitarlo, en este deslizamiento hacia el precipicio.
Cientos de jóvenes artillados en su gran mayorìa, haciendo exhibición
de sus armas automáticas, acompañando el féretro del asesinado
capo cubierto, nada màs y nada menos, que con la enseña patria,
a ritmo de música de ragettòn salida, òigase bien, de
las bocinas de una camioneta doble cabina con placa oficial. Repetimos:
con placa oficial. Y de esta singular manifestación de duelo, gritos
repetidos de “el màs querido” y “defensor de la Patria” refiriéndose
al difunto cabecilla.
Y todo esto, no en sitio aislado, no arropado por las sombras de la noche,
sino en plena Avenida Máximo Gòmez, a plena luz del dìa
y vista de las propias autoridades que dizque custodiaban a los manifestantes. Con
la vìa cerrada al trànsito normal por jóvenes seguidores
del asesinado capo, armas en mano, hasta que la comitiva fúnebre completò su
entrada en el viejo cementerio capitaleño.
Allì, en el campo santo, la ceremonia final estuvo a cargo de decenas
de jóvenes que extrajeron sus automáticas e hicieron cientos
de disparos de despedida, para después marcharse tranquilamente, volver
a sus barrios para continuarla interminable y sangrienta lucha entre las bandas
que se disputan el liderazgo de la droga y demàs actividades delictivas.
Pero en todo este espectáculo penoso, vergonzoso, estremecedor, hubo
un factor agravante y de mayor inquietud. Fue esa presencia policial
incapaz de impedir la afrenta a la enseña nacional cubriendo el cadáver
de un narcotraficante. De contemplar impávida toda esta exhibición
y empleo desenfadado, ofensivo, desafiante de armas de seguro portadas ilegalmente
con franco desprecio a la ley, a la sociedad y a esa autoridad encargada de
velar por el cumplimiento de la primera y brindar protección a la segunda.
Un hecho que ocurre precisamente en momentos en que el paìs se encuentra
estremecido por el caso del capo Quirino Paulino y se anuncia la puesta en
marcha de un Plan Estratégico del Gobierno y la Policía Nacional,
para traducir en hechos concretos el compromiso pùblico asumido por
el Ejecutivo de la Nación de “Cero Tolerancia” con el narcotráfico
y la delincuencia.
Pero no repuestos todavía de este asombroso, inaudito e indignante montaje,
vuelve a repetirse el espectáculo, aunque en escala menor pero no menos
inquietante, al dìa de ayer teniendo como escenario el Cementerio de
Cristo Rey, durante el sepelio de un triciclero de apenas 27 años. Asesinado
por un grupo de malhechores encapuchados, sus restos fueron igualmente despedidos
con una salva de disparos al aire salidos de una pistola automática
manejada por un joven.
La gràfica que divulga el matutino Hoy en primera plana, en
su edición de este dìa, de este joven, parado sobre una tumba,
descargando el peine de su arma, resulta estremecedora.
Pero es tambièn una señal, un reflejo, una demostración
palpable del nivel de desorden, de impunidad, de carencia de control y autoridad
en que se està desenvolviendo la vida del dominicano.
De la proliferación de armas de todo tipo y calibre con un alto poder
de fuego, las màs de las veces con una potencia superior a las que porta
el cuerpo de orden pùblico. Armas ilegales, robadas o adquiridas
de contrabando, en manos de miles y miles de jóvenes que ya hoy sòlo
escuchan y se manifiestan en el lenguaje de la violencia.
Todo esto debe movernos a honda reflexión. Pero no para motivarnos
al lamento inútil sino para abocarnos sin màs demora a soluciones
efectivas, que insistimos una vez màs, requieren hundir el escalpelo
profundamente en nuestra realidad social, económica, política
y moral. Esto asì para poner en marcha políticas de Estado
que promuevan verdaderas soluciones de fondo y no simples paliativos de fuerza,
a fin de evitar el desplome de una sociedad que cada dìa nos envía
màs señales evidentes de su fragilidad institucional, su deterioro
y su creciente descomposición.
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