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Director Mario Rivadulla
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ENERO/2005
 
Semana 10 al 14
 

Lunes 10 de enero/ EL TIRO RAPIDO

 


Martes 11 de enero/ EL TIRO RAPIDO

 


Miércoles 12 de enero/ EL TIRO RAPIDO

El Presidente de la Suprema Corte de Justicia ha rechazado que el expediente por la muerte del senador Darìo Gòmez haya estado durmiendo en ese alto tribunal. El doctor Jorge Subero Isa anunciò que en los próximos dìas se decidirà la jurisdicción que habrà de conocer el juicio por ese crimen que tiene ya una data de antigüedad de tres años.
 
La versión oficial servida originalmente fue recibida con mucho escepticismo por la mayorìa de la opinión pùblica. El caso presentado por la Policía Nacional luciò como traído por los pelos y dejò sembrada una gran cantidad de dudas. 
 
Las primeras manifestaciones en este sentido partieron del propio Senado, donde horas antes se habìa aprobado un proyecto de ley de la autorìa del propio Gòmez, contra el lavado de activos del narcotráfico y otras actividades ilícitas.  Esta circunstancia diò lugar a que se sospechara que el crimen hubiera procedido de ese litoral delincuencial.
 
La familia del asesinado senador por su parte, tambièn rechazò con energía la explicación oficial, señalando que el crimen no era fruto de un hecho fortuito sino de una acciòn planificada. 
 
Desde entonces, la senadora Celeste Gòmez, hermana de Darìo y quien ocupò su curul, comenzò a tocar diferentes puertas de autoridades fiscales, judiciales y gubernamentales, en un largo e infructuoso vìa crucis, reclamando profundizar las investigaciones. 
 
Precisamente en estos dìas, la incansable legisladora hizo una denuncia que por su gravedad resulta aterradora.  Esto asì, en tanto revelò que el arma con que se diò muerte a Darìo Gòmez se encontraba en esos momentos en poder de la Policía Nacional.
 
Esa arma, propiedad de un comerciante, fue ocupada por el cuerpo uniformado a raìz de un accidente sufrido por aquèl.  El asesinato del senador Gòmez se produjo exactamente en el espacio de tiempo que media entre el momento en que la Policía Nacional ocupò el arma y el instante en que la devolvió a su dueño.
 
¿Dònde estaba depositada el arma?  ¿Quièn era responsable de su custodia? ¿Còmo llegò a manos de los matadores de Darìo Gòmez? ¿Còmo se devuelve un elemento esencial de evidencia, como es el arma asesina, que debiera estar a depòsito en los tribunales?
 
Junto a estas interrogantes marchan otros indicios muy preocupantes aportados por la familia de Darìo Gòmez y que no han sido tomados en cuenta en las investigaciones. 
 
“El Mago”, apelativo con que se conoce al cabecilla del grupo que materializò el crimen, estaba condenado a 30 años y obtuvo su libertad mediante un auto judicial que la senadora Gòmez califica de irregular.  Afirma además que èste visitò en varias oportunidades la provincia de Santiago Rodríguez en los dos meses anteriores al crimen, e inclusive llegò hasta la residencia de la madre de Darìo Gòmez, presentándose como “Ministro de Educación”.  La dama, sospechando algo anormal, le negò el acceso.  “El Mago” tambièn fue visto durante ese tiempo en las cercanìas del Congreso.
 
La familia de Gòmez señala tambièn que a Carlos Collares, otro de los participantes en el crimen, los propios interrogadores le dieron un balazo en un pie para obligarlo a que se callara cuando dijo que iba a declarar todo lo que sabìa.  Luego la familia del extinto senador visita la prisión donde èste se encuentra y advierte al jefe del recinto que existe un plan para matar a Collares.  Pese a esta advertencia formal, el recluso es asesinado pocas horas después por su compañero de celda.
 
Otro indicio:  Carlos Evertz, el sicario autoinculpado públicamente en el matutino que dirige Cèsar Medina, de la muerte de màs de una veintena de personas, revela que se le ofreciò un millòn de pesos para asesinar a Darìo Gòmez.  Evertz es detenido y liberado un tiempo màs tarde, sòlo para meses después ser asesinado en un cruce carretero de Santiago a Navarrete.  Dìas antes de ser ultimado, sin embargo, enviò un video a la familia de Gòmez alertando de que existìa un plan para darle muerte.
 
Todos estos indicios y otros màs que seràn presentados a las autoridades la próxima semana, según declarò ayer aquì, en TELEDEBATE, la senadora Celeste Gòmez, dan notación de que la muerte de Darìo Gòmez no fue un hecho circunstancial cometido por unos delincuentes de poca monta, sino fruto de una conspiración.
 
¿Quièn o quiènes habrìan montado esta trama criminal? ¿Quièn o quiènes tenìan interés en la muerte de Darìo Gòmez? ¿Por cuàl o cuàles motivos querìan hacerlo desaparecer del mundo de los vivos? ¿Quièn o quiènes han venido arropando este hecho, obstaculizando que las investigaciones lleguen al fondo de este caso?
 
Son preguntas que quedan en el aire y que a nombre de la familia de Darìo Gòmez, su hermana, la senadora Celeste, espera reciban adecuada respuesta ahora confiando en la gestión del Procurador General de la Repùblica, Francisco Domínguez Brito, quien ha solicitado la reapertura del expediente.
 
Esto asì, después de quejarse amargamente que durante el pasado gobierno se actuò en este caso con desidia, irresponsabilidad y ausencia de voluntad política para llegar la conocerlo en profundidad, seguir todos los hilos de la presunta conspiración criminal e identificar, atrapar, someter a la justicia y sancionar debidamente a los autores intelectuales de este hecho que,  hasta ahora, a estado en una especie de limbo jurídico y que la familia del extinto senador califica de “Crimen de Estado”.

 

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Jueves 13 de enero/ EL TIRO RAPIDO

Leer el vìvido relato que apareció en la edición de ayer en el vespertino El Nacional del sepelio de un sindicado capo de la droga en Capotillo y otros barrios de la parte alta de la Capital, provoca toda una serie de reacciones diversas.
 
Preocupación, honda preocupación por el alto grado de desvalorización ètica a que hemos llegado, temor; infinito temor por el seguro sombrìo futuro que le espera al paìs de continuar por este mismo camino; indignación por la complacencia, la desidia, cuando no la culpable complicidad de quienes estàn en el deber de evitarlo, en este deslizamiento hacia el precipicio.
 
Cientos de jóvenes artillados en su gran mayorìa, haciendo exhibición de sus armas automáticas, acompañando el féretro del asesinado capo cubierto, nada màs y nada menos, que con la enseña patria, a ritmo de música de ragettòn salida, òigase bien, de las bocinas de una camioneta doble cabina con placa oficial.  Repetimos: con placa oficial.  Y de esta singular manifestación de duelo,  gritos repetidos de “el màs querido” y “defensor de la Patria” refiriéndose al difunto cabecilla.
 
Y todo esto, no en sitio aislado, no arropado por las sombras de la noche, sino en plena Avenida Máximo Gòmez, a plena luz del dìa y vista de las propias autoridades que dizque custodiaban a los manifestantes.  Con la vìa cerrada al trànsito normal por jóvenes seguidores del asesinado capo, armas en mano, hasta que la comitiva fúnebre completò su entrada en el viejo cementerio capitaleño.
 
Allì, en el campo santo, la ceremonia final estuvo a cargo de decenas de jóvenes que extrajeron sus automáticas e hicieron cientos de disparos de despedida, para después marcharse tranquilamente, volver a sus barrios para continuarla interminable y sangrienta lucha entre las bandas que se disputan el liderazgo de la droga y demàs actividades delictivas.
 
Pero en todo este espectáculo penoso, vergonzoso, estremecedor, hubo un factor agravante y de mayor inquietud.   Fue esa presencia policial incapaz de impedir la afrenta a la enseña nacional cubriendo el cadáver de un narcotraficante.  De contemplar impávida toda esta exhibición y empleo desenfadado, ofensivo, desafiante de armas de seguro portadas ilegalmente con franco desprecio a la ley, a la sociedad y a esa autoridad encargada de velar por el cumplimiento de la primera y brindar protección a la segunda.
 
Un hecho que ocurre precisamente en momentos en que el paìs se encuentra estremecido por el caso del capo Quirino Paulino y se anuncia la puesta en marcha de un Plan Estratégico del Gobierno y la Policía Nacional, para traducir en hechos concretos el compromiso pùblico asumido por el Ejecutivo de la Nación de “Cero Tolerancia” con el narcotráfico y la delincuencia.
 
Pero no repuestos todavía de este asombroso, inaudito e indignante montaje, vuelve a repetirse el espectáculo, aunque en escala menor pero no menos inquietante, al dìa de ayer teniendo como escenario el Cementerio de Cristo Rey, durante el sepelio de un triciclero de apenas 27 años.  Asesinado por un grupo de malhechores encapuchados, sus restos fueron igualmente despedidos con una salva de disparos al aire salidos de una pistola automática manejada por un joven.
 
La gràfica que divulga el matutino Hoy en primera plana, en su edición de este dìa, de este joven, parado sobre una tumba, descargando el peine de su arma, resulta estremecedora.
 
Pero es tambièn una señal, un reflejo, una demostración palpable del nivel de desorden, de impunidad, de carencia de control y autoridad en que se està desenvolviendo la vida del dominicano.
 
De la proliferación de armas de todo tipo y calibre con un alto poder de fuego, las màs de las veces con una potencia superior a las que porta el cuerpo de orden pùblico.  Armas ilegales, robadas o adquiridas de contrabando, en manos de miles y miles de jóvenes que ya hoy sòlo escuchan y se manifiestan en el lenguaje de la violencia.
 
Todo esto debe movernos a honda reflexión.  Pero no para motivarnos al lamento inútil sino para abocarnos sin màs demora a soluciones efectivas, que insistimos una vez màs, requieren hundir el escalpelo profundamente en nuestra realidad social, económica, política y moral.  Esto asì para poner en marcha políticas de Estado que promuevan verdaderas soluciones de fondo y no simples paliativos de fuerza, a fin de evitar el desplome de una sociedad que cada dìa nos envía màs señales evidentes de su fragilidad institucional, su deterioro y su creciente descomposición.

 

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