UN SUEÑO HECHO REALIDAD

SANTUARIO DE FÁTIMA EN PUERTO RICO

 

            

  

Madre M. Dominga Guzmán Florit, OP.

SIERVA DE DIOS

 

                        

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MEDITACION SOBRE LAS CINCO BLASFEMIAS Y SU REPARACION QUE LOS HOMBRES PROFIEREN CONTRA LA VIRGEN SANTISIMA

El 10 de diciembre de 1925 apareció la Virgen Santísima con el niño Jesús a Sor Lucía para manifestarle su dolor por las blasfemias e ingratitudes de los hombres diciéndole: “Mira, hija mía, mi corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con sus blasfemias e ingratitudes.  Tú procura consolarme”.

La primera blasfemia, según Sor Lucía, se refiere a “Las blasfemias contra la Inmaculada Concepción”: 

La Inmaculada Concepción tiene su origen en la Santísima Trinidad.  El Padre Dios quiso con inefable amor, preservar a la Madre de su Hijo Unigénito del pecado original, en vista de la salvación que iba a realizar su Hijo Divino.  No convenía que la Madre de Dios, estuviera un instante bajo el poder de Satanás, al que Ella iba a aplastar la cabeza.  Queridos hermanos e hijos de la Inmaculada Virgen María, abracemos este Misterio con fe y alabemos al Señor por las maravillas que ha hecho con nuestra Madre celestial.

        Hermanos, les invito también a considerar algunos hechos históricos relacionados con la Inmaculada Concepción de nuestra bendita Madre, la recibió, hace algo más de 150 años, la Santa Religiosa Sor Catalina Labouré, en Francia, cuando la Virgen Santísima se le apareció y le reveló que había sido concebida sin pecado original.

        Luego le mandó a acuñar una medalla con la inscripción: ¡Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recorrimos a vos! Por los muchos milagros que se produjeron por llevar esta medalla y rezar esta oración, luego se llamó “Medalla Milagrosa.  Ella es la medalla predilecta de las congregaciones marianas y de muchas personas.

        El año 1854 el papa Pío Nono declaró dogma, o sea, verdad revelada por Dios, que María Santísima fue concebida sin mancha de pecado original.  Desde entonces todo cristiano católico, debe creer en esa verdad.  Para nosotros es un motivo de alegría que nos compromete a la gratitud para con nuestro buen Padre Dios que nos ha querido dar una Madre Inmaculada como poderosa intercesora ante El. 

        Después, el año 1958 la Virgen Santísima, apareció en Lourdes varias veces a santa Bernardita, para decirle al fin que Ella era la Inmaculada Concepción.  Desde entonces Lourdes se ha convertido en uno de los más grandes Santuarios del mundo y las pequeñas grutas en las casas y las grutas grandes en los caminos o junto a las Iglesias se han multiplicado en todo el mundo.

       ¡Oh Virgen Inmaculada, ya que no podemos comprender con nuestra inteligencia los designios amorosos de la Trinidad Santísima, por lo menos queremos creer con humilde fe en tu Inmaculada Concepción, y venerarte, e invocarte y llevar tu medalla y visitar frecuentemente tus grutas!

      También queremos recordar, con gratitud, oh, Madre querida, tus manifestaciones en Fátima, donde nos ofreciste tu Corazón Inmaculado como refugio y el camino que nos ha de llevar a Dios.

      Y por los que blasfeman contra tu Inmaculada Concepción y no se acogen a tu Corazón Inmaculado queremos pedirte perdón y rezar por ellos un Ave María: Dios te salve María…

 

        La segunda blasfemia se dirige: “Contra la Virginidad de María”.  ¡Oh, Virgen inmaculada, oh, Madre Virginal, también esta blasfemia recibes de tus hijos ingratos!

        Nosotros, oh, Virgen y Madre, queremos asociarnos a la fe profunda de nuestros antepasados que siempre rezaban: “Oh, María, Virgen antes del parto, en el parto y después del parto, siempre Virgen pura, ruega por nosotros los pecadores”.  Y ¡con cuánta razón lo hacían y lo deberíamos hacer nosotros, ya que Tú misma te declaraste Virgen ante el Arcángel San Gabriel!  “No conozco varón”, y nunca conociste varón, ni antes que naciera Jesús, ni después. 

        Sólo cuando intervino el Espíritu Santo y el poder del Altísimo, te iba a cubrir con su sombra, Tú aceptaste a ser Madre.

        ¡Oh, Dios Altísimo, concédenos la gracia de creer en tu poder divino, que no quiso que la Madre de tu Hijo Divino conociera hombre alguno!

        Y Tú, oh, Virgen santa, eleva nuestro espíritu, apegado a esta tierra a las sublimes alturas del valor de la Virginidad tuya y de los que se han consagrado como vírgenes a Dios.  Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza…

        Y por los que blasfeman contra tu Virginidad, oh, María, y no la reconocen, rezamos un Ave María: Dios te salve María…

 

        La tercera blasfemia va “Contra su maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres”.

        Oh, María, santa Madre de Dios, ¡cómo debe dolerte esa blasfemia que los hombres de hoy profieren contra este privilegio que te eleva por encima de los Ángeles y Santos y te coloca junto al trono del mismo Dios!

       Nosotros, querida Madre, creemos en tu maternidad divina porque los Obispos en el Concilio de Efeso, en el siglo V, lo declararon un dogma de fe, que los fieles de entonces lo recibieron con inmensa alegría, aplaudiendo a los Obispos y dándoles prueba de gratitud.

       Ciertamente los fieles creyeron ya antes en la maternidad divina.  Y fue santa Isabel que proclamó como primera creyente esta verdad cuando dijo a la Virgen Santísima que la visitaba: “¿De dónde a mí que la Madre de mi Señor, venga a visitarme?”  Ante estas palabras, la Virgen no pudo menos que prorrumpir en un canto de alabanzas al Señor…: “Mi alma glorifica al Señor y mi Espíritu se regocija en Dios mi Salvador.”

        Queridos hermanos, renovemos nuestra fe en la Maternidad divina de María, una y otra vez, al rezar el ave María: “Santa María, Madre de Dios ruega por nosotros…”, así renovaremos continuamente esa alegría que sintió María frente a santa Isabel, cuando ella la recibió como la Madre de su Señor. 

         Y por los que no reconocen la maternidad divina de María y blasfeman contra Ella recemos un Ave María: Dios te salve María…

 

        Mas junto a esa blasfemia contra la Maternidad divina de María, va otra parte de los hombres que rehúsan de recibirla como Madre.

        ¡Qué dolor grande no ha de ser para nuestra bendita Madre, sentirse rechazado por los hombres, sus hijos, que el mismo Jesús le ha confiado desde la cruz cuando dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo; hijo ahí tienes a tu Madre”.

        Desde aquel momento María es Madre de todos los hombres, y especialmente “Madre de la Iglesia” como lo proclamó el papa Pablo VI en el Concilio Vaticano II.

       María Santísima, siempre se ha sentido y manifestado como nuestra buena Madre.  Pensemos solo en los grandes Santuarios.  Pero también en la vida de cada hombre, especialmente del creyente, la Virgen se manifiesta como nuestra solícita Madre, preocupándose de los menores detalles de nuestra vida.  Sólo espera nuestra fe, nuestro amor y nuestra confianza, que expresemos en esta oración, tan querida por nuestro pueblo: “¡Oh, María, Madre Mía, Yo te doy mi corazón!”.

        Por todos los hombres que no reciben a María como su Madre y que al contrario blasfeman contra Ella, rezamos un Ave María: Dios te salve María…

 

        Meditemos ahora en la cuarta blasfemia que profieren los hombres contra la Virgen Madre.  Ella reza: “los que procuran públicamente infundir en los niños la indiferencia, el desprecio y hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada”.

        Oh, Virgen Madre que, después que Jesús tu Hijo divino, te ha constituido Madre de todos los hombres; ¡qué doloroso debe ser para Ti, tener que ver cómo los mayores infunden públicamente indeferencia, desprecio y hasta odio hacia Ti, oh, Madre, en los corazones de los niños, tus hijos predilectos y que tienen más necesidad de tu amor maternal.

       Oh, Madre dolorida, ¡cómo quisiéramos reparar nosotros esas blasfemias llevando a los niños a tu regazo maternal! El mismo Jesús nos pide eso.  Cuando la pequeña Lucía dijo el 13 de junio de 1917 a la Virgen en Fátima, que la llevara con su primitos al cielo, Ella le contestó: “A tus primitos los llevaré pronto al Cielo, pero tú debes quedarte por más tiempo aquí en la tierra, porque Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar”.

        Queridos hermanos, creo que Jesús nos pide también eso a nosotros: de hacer conocer y amar a su bendita Madre.  Hagámoslo con celo apostólico, con sacrificio, para consolar y reparar esas graves blasfemias contra nuestra buena Madre y tratemos de llevar a muchos niños al conocimiento y al amor de nuestra Madre, enseñándoles especialmente a rezar el santo Rosario meditado y llevándoles a la consagración al Corazón Inmaculado de María.

        Pidamos al dolorido Corazón Maternal de María, que perdone a los que blasfeman contra Ella y le alejan a los niños de su amor maternal.  Recemos por esta intención un Ave María: Dios te Salve María…

 

        La quinta blasfemia reza: “Los que la ultrajan directamente en sus sagradas imágenes”.

          Bien, querida madre, podemos comprender que esto ha de ser un gran dolor para tu Corazón, como lo es también para nosotros.

        Cuántas Grutas han sido destruidas en los últimos años.  Al parecer se destruye una imagen de yeso, o de cemento o un cuadro, pero es más, en el fondo se destruye la imagen de la Madre.  El maligno quiere borrar, su recuerdo en una imagen, entre nosotros.

         Pero la Virgen Madre no piensa en venganza; Ella sólo piensa cómo atraer a esos blasfemos nuevamente a su Corazón maternal.  Recemos por ellos un Ave María: Dios de Salve María…

         Queridos hermanos, la Virgen dolorida, se dirige a nosotros para que la ayudemos con nuestras oraciones y sacrificios, a obtener de Dios para los que blasfeman contra Ella, el perdón y la reconciliación.

         Es por eso, que para reparar las cinco blasfemias nos pide la Virgen Dolorosa, que durante los 5 primeros sábados del mes, nos confesemos, que recibamos la Santa Comunión, y que recemos un Rosario y que le hagamos compañía meditando durante los 15 minutos en los Misterios del Santo Rosario, con el fin de ofrecerle reparación, prometiéndonos su asistencia en la hora de la muerte con las gracias necesarias para nuestra salvación.

        Hermanos, escuchemos este Mensaje, que nos viene de nuestra Madre Celestial y ponderemos lo que dice Sor Lucía de Fátima: “De la práctica de esta devoción de los primeros sábados, unida a la consagración al Corazón Inmaculado de María, depende la guerra o la paz del mundo.  Por eso yo deseo tanto su propagación y sobre todo por ser esa la voluntad de nuestra querida Madre del Cielo”.

        Ave María Purísima, sin pecado concebida.


2008